Por Iván Robles

 

El pasado mes de julio asistimos a una conferencia en el Centro Cultural Los Andes sobre Manipulación y Desinformación. El expositor fue el Dr. Manuel Alcázar, profesor de Gobierno de Personas de la Escuela de Dirección de la Universidad de Piura.

La conferencia fue un toque de alerta para no dejarnos influenciar demasiado por los medios de comunicación. Nuevamente tuvimos que madrugar, porque la conferencia comenzaba a las 9 de la mañana y tuvimos que salir del club a las 8 de la madrugada. Los temas que se trataron fueron los siguientes:

¿Qué es informar?

Es transmitir datos relevantes que sean de utilidad para el receptor. Por ejemplo, en el caso de una manzana, no es lo mismo explicarle el concepto a una niña que a un estudiante de agronomía.

¿Que és desinformar?

Es dar información incompleta o irrelevante para el receptor. Por ejemplo, en el caso de la manzana sería desinformar a la niña darle datos complejos sobre su biología, cuando lo relevante para la niña es saber si se puede o no comer.

En el caso de la desinformación los errores de transmisión son involuntarios. Cuando se hace premeditadamente estaríamos ante un caso de manipulación.

¿Qué es manipular?

Es el intento deliverado de engañar al receptor en base a información incompleta o falsa.

¿Cómo se puede manipular?

Engañando, pero dando apariencia de verdad. Por ejemplo, con estadísticas ambiguas o falseadas. También utilizando palabras que tienen prestigio, como libertad, democracia, igualdad, pero aplicándolas a realidades que no siempre encajan con esos conceptos.

¿Cuál es el riesgo de abusar del uso de palabras "prestigiosas"?

Como esas palabras tienen mucho prestigio, eol receptor no se plantea cuestionamientos a esos conceptos. Por ejemplo, "vota por el cambio". La palabra cambio tiene prestigio, pero ¿es el cambio bueno siempre? Para el que utiliza esa frase el cambio parece ser bueno siempre, pero eso no coincide con la realidad.

El caso de la vacasaurio

Un grupo de niñas salió con su maestra al campo. En el camino encontraron una vaca y una niña grita "miren, un dinosaurio". Entonces la maestra le explica que se trata de una vaca y que de esa vaca sale la leche, pero lo niña insistía diciendo a parecida a un dinosaurio y que además a ella le gustaba que fuera un dinosaurio, en vez de una vaca.

El problema se complicaba. Si una niña confunde una vaca con un dinosaurio, no pasa de ser una equivocación. Pero si dice que ella prefiere que sea un dinosaurio y que por tanto debe ser un dinosaurio, ya no hay simplemente un error de percepción, sino más de fondo: el querer acomodar la realidad a nuestro modo de pensar.

Peor aún, otra maestra que iba con el grupo se acerca y le dice a la primera maestra que qué mas daba que la niña dijese que es una vaca o un dinosaurio. Llamémoslo vacasaurio. En esta actitud caen quienes no desean buscar la verdad con profundidad, y se encogen de hombros ante los errores de los demás.